El caos está por todas partes, en ello está intrínseco lo
absurdo, no podemos alejarnos de él, nos persigue, no podemos luchar con él más
fuerte que nosotros. El ideal de burgués
con su perfeccionismo y su orden, el cristianismo y las religiones
orientales intentan solucionarlo creando un vínculo, o mejor dicho, unidad con
Dios o la naturaleza; las ideologías son otro ejemplo, ellas nos guían como ovejas
de un rebaño, a una utopía que todos sabemos que no sólo existe en la
teoría. Otros intentan buscar esa
ansiada unidad en una ciencia que
explique ese desorden, para entenderlo, para hacer este mundo sin
sentido aparente, un mundo más nuestro, pero la razón no es suficiente, un
mundo sin orden, sin unidad no es un mundo nuestro, como dijo Heidegger,
repitió Camus y yo afirmo “la razón no consuela a un hombre angustiado” incluso
a muchos nos ha llegado el día de mirarlo cara a cara y de verlo extraño. Un
amigo me dijo que hay una ley de la física que afirma que el fin de todo es el
caos, y que es un proceso constante e inevitable, aquel día no le di la razón,
hoy se la doy en parte, es cierto que todo aquello que se rompe, e inevitablemente
todo se rompe, pero los humanos siempre intentamos paliarlo con un orden
artificial, y creando materia de la misma naturaleza proveniente del desorden,
somos el único ser de esta Tierra, con esa capacidad, pero ello no solucionamos
nada, el caos es invencible, nada podemos hacer unos minúsculos seres frente a
las leyes del universo.