viernes, 10 de agosto de 2012

El fruto del árbol de la existencia


Era una noche como la de todo los sábados, el señor Nadie salía con sus compañeros de trabajo Alguien y Cualquiera. En aquel pub había muchos como el señor Nadie, todos iguales, la misma persona repetida muchas veces, un rebaño de hombres que brindaban, bebían y reían. La risa… no es más que un mero invento para ocultar el profundo sufrimiento y vacío que te regala este paseo por la existencia.

Esa tortura ya acabó, ahora se dispone a entrar en su apartamento. Es una verdadera tortura estar rodeado por un rebaño y sentir una absoluta soledad, es de los más grandes vacíos que deja la existencia, ya ni si quiera Alguien o Cualquiera llenan ese hueco, la definición ideal de Aristóteles sobre la amistad, se perdió hace mucho tiempo, somos tan solo asquerosos seres sociales que intentan satisfacer sus instintos.

El señor Nadie, cierra la puerta, un fuerte portazo causado por una corriente de aíre, se dispersa por la sala y por su alma como si se tratara de un jarro de agua fría en la cara. Se siente vacío, no sabe por qué, no es capaz de ordenar sus pensamientos, el dolor en esos casos es la mejor anestesia para dormir a la razón.

Esa noche, como la de todos los sábados, el Señor nadie se mete en su cama e intenta dormir, pero sus pensamientos no se lo permiten, sufre de insomnio. El insomnio es una de las peores torturas, el querer dormir por cansancio, y no poder, es un asunto que está por encima de la voluntad, el insomnio tampoco te permite hacer nada de provecho, ni nada para llenar ese vacío, como la lectura o el cine, esos pensamientos alomorfos cual demonio que incrusta sus garras en tu mente, no solo no lo permiten no dormir, o entretenerse, que es lo mismo que decir evadirse, sino que lo torturan todos los sábados.

Se levanta de la cama, va al salón se deja caer en el sofá, toma el mando de la mini-cadena y hace que está comience a funcionar… pero ¿qué suena? Es la misma melodía que sonaba esa misma noche antes de cruzar la calle, gradúa las luces al mínimo posible, casi a oscuras junto a su soledad, se deja llevar por notas que bailan por la sala, penetran por su cuerpo llegando a su alma, y sirven como anestesia para el dolor.

Pero no es suficiente, porque la canción tarde o temprano termina, y comienza en el interior de su alma los oscuros barrocos acordes de Tocata y Fuga. Los pensamientos alomorfos, oscuros vuelven, viajan desde su subconsciente hasta su consciente y viceversa, y por el camino arrancan su corazón dejando su pecho hueco, vacío… y una fría corriente pasa a través de él, dejando una sensación de absoluta desolación.

El señor Nadie se siente vacío, no sabe por qué echa de menos algo que desconoce  y eso le hace perder las esperanzas, ocultando toda mínima luz. Todo se para, la melodía bachniana cesa, las luces se apagan… al mismo tiempo una pregunta en su cabeza se enciende: ¿qué me pasa? que… ¿Qué te pasa? yo mismo te daré la respuesta, has probado el fruto del árbol de la existencia, y su jugo agrio, conocido como tedio fluye por tus venas…

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