En el
monte sus ojos se abrieron, vieron la Verdad, vieron a dios, éste era Tedio y
sinsentido, malditos ojos ¿por qué os habristeis a la luz, para que entre
tinieblas se ahogue el alma?
Pero, entre los chacales, las
panteras, los podencos,
Los simios, los escorpiones, los
gavilanes, las sierpes,
Los monstruos chillones,
aullantes, gruñones, rampantes
En la jaula infame de nuestros
vicios,
¡Hay uno más feo, más malo, más
inmundo!
Si bien no produce grandes
gestos, ni grandes gritos,
Haría complacido de la tierra un
despojo
Y en un bostezo tragaríase el
mundo:
¡Es el Tedio! — los ojos preñados
de involuntario llanto,
Sueña con patíbulos mientras fuma
su pipa,
Tú conoces, lector, este monstruo
delicado
Las Flores del mal, Charles
Baudelaire
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