jueves, 2 de enero de 2014

Maldito destino

El destino me persigue, me asfixia y me destruye. No puedo negarlo, allí  en el mundo de la metafísica, el destino, maldito tirano de títeres con manos sucias martiriza a los malvivientes. Va a ser verdad, que un ser, si se puede llamar así, inexplicable, inconcebible para muchos, evidentes para otros, nos tortura como cual personajes de una novela romántica, que sólo quieren hallar la muerte, y son desgraciados por no encontrarlas. El destino se caracteriza por su fealdad, se podría simbolizar en una especie de fantasma con el rosto desfigurado, con sonrisa de maldad, con la cara llena de arrugas y los ojos grandes y negros. Sí con sonrisa. Se ríe de nosotros, pobres candidatos a la infelicidad, sólo nos espera la muerte, ojalá esta llegue pronto. Bienaventurado aquel que no se siente identificado con mis palabras, porque con él, el destino tiene misericordia. El amor fati se termina convirtiendo en un valle de lágrimas al que muchos pertenecemos, desolados, solos, desamparados… en una existencia insoportable, vacía y sin sentido.

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